Cómic para todos

‘El último aragonés vivo. La amenaza robótica’, de David Terrer y Carlos Azagra

P EUAV 2Editorial: GP Ediciones.

Guión: David Terrer.

Dibujo: Carlos Azagra.

Páginas: 104.

Precio: 12 euros.

Presentación: Rústica solapas.

Publicación: Noviembre 2015.

Dentro del siempre atribulado mercado del cómic español, no está de más darnos cuenta de que, de vez en cuando, hay franquicias, títulos que van más allá de un primer número, independientemente de que haya un potente respaldo editorial o que los autores estén entre los más conocidos de la industria. Así sucede con El último aragonés vivo, que con La amenaza robótica alcanza ya su segunda entrega, consolidando una serie que nació en un cortometraje que también disfrutó de una segunda parte. Y da la sensación de que va a ser en el cómic donde van a continuar las descacharrantes aventuras de Jorge, como dice el título de la obra el último aragonés vivo después de que un virus acabara con todos los demás, porque en él ha encontrado un medio fascinante para que se aúnen el humor más propio de los 90, la vena regional que exploran con tanta gracia David Terrer y Carlos Azagra y el continuo homenaje que se desprende de la historia a diferentes formas de entender la ciencia ficción. Pero si hay un adjetivo que se puede aplicar a El último aragonés vivo es el de alocado. Es un tebeo loco, incontrolable, rozando lo demencial. Y sin embargo, o quizá precisamente por eso, tremendamente divertido. Un sinsentido, sin duda, pero con el que resulta muy complicado aguantar estoicamente sin reírse.

Para un tebeo alocado, una amenaza aún más loca. El último aragonés vivo tiene que hacer frente a un enorme robot instalado por Estados Unidos en su base militar de Zaragoza para hacer frente a un hipotético ataque nuclear de la Unión Soviética. Terrer, creador del personaje como guionista y director de los dos cortos originales, eleva a la enésima potencia el carácter regionalista de la serie, no sólo por el paseo que hace por todo Aragón, sino sobre todo porque coloca como invitados a cuatro aragoneses ilustres tan diversos como Alfonso I de Aragón, Juan de Lanuza y Urrea, el futbolista Pablo Alfaro y el dúo cómico-musial Los Gandules. Parece imposible hacer una mezcla más subversiva, atrevida e imposible, pero es que Terrer sabe darles a todos ellos con un impresionante sentido del humor el papel que hizo que se convirtieron en celebridades de Aragón. Evidentemente, todo es absurdo. Lo es desde su planteamiento, también en su desarrollo, pero justo ahí está la gracia. El paletismo de Jorge combina de una forma fluida con el heroísmo que desprende la espía americana, que no por casualidad tiene un sospecho parecido con la Viuda Negra de Marvel, y los chistes de toda índole se cuelan en esta inverosímil aventura que sabe reírse de lo propio y de lo ajeno, de lo aragonés y de lo universal, también del género que explora.

Saber que Carlos Azagra está formado en la cantera de El Jueves explica casi por completo el estilo que desarrollado en El último aragonés vivo. No hay misterio posible, su dibujo es tal cual aparece en la portada del tebeo, nada realista, casi improvisado de forma radical, con un claro predominio de la caricatura, de la exageración y de un dibujo hasta tosco. Pero ahí también está la gracia de El último aragonés vivo, un tebeo que claramente tiene que funcionar de esta manera y que no tiene razón alguna para hacer una propuesta diferente. Azagra, con el buen trabajo de color de Encarna Revuelta, hace que todo lo que aparece en su trabajo entronque con un tebeo de otra época, no tan lejana en el tiempo pero que socialmente parece que tuvo lugar hace muchísimo más. Y eso hace que estas páginas tengan un encanto especial. Ni local ni extemporal, simplemente diferente. Porque a día de hoy, con las revistas de cómic siendo ya casi un vestigio del pasado, no es fácil encontrar un cómic con este aspecto. La amenaza robótica, también desde el diseño de su amenaza tecnológica, hace que El último aragonés vivo siga creciendo siendo fiel a sus principios básicos. Eso, no puede ser de otra manera, es algo a celebrar. Y si encima el lector conecta con el estilo de humor de Terrer y Azagra, miel sobre hojuelas.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 1 marzo, 2016 por en Carlos Azagra, Cómic, David Terrer, GP Ediciones y etiquetada con , , .

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