CÓMIC PARA TODOS

‘Kiss Me, Satan’, de Victor Gichsler y Juan Ferreyra

003_KissMeSatanEditorial: Medusa.

Guión: Victor Gischler.

Dibujo: Juan Ferreyra.

Páginas: 136.

Precio: 14,95 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Febrero 2016.

Hay tipologías que, siempre de forma apriorística, provocan un suspiro de resignación entre los lectores. En el mundo del superhéroe, una de esas tipologías es la de las historias de origen o los reinicios. En el cómic de terror, o en el que bucea en las mitologías de las diferentes criaturas, la fusión entre los mismos. De alguna manera, el subconsciente del lector puede pensar bien en cuando aquello era objeto de mofa, en los años de Abott y Costello, o bien en sus dulcificaciones derivadas de Crepúsculo. Por eso es razonable afrontar Kiss Me, Satan con alguna que otra duda ajena a sus nombres y sus méritos. Lícito incluso después de la primera escena, cuando nuestro protagonista, Barnabus Black, la emprende a tiros en las calles de Nueva Orleans contra un misterioso grupo de hombres que le persiguen y después de proclamar la ciudad como un epicentro de la mafia dirigida por licántropos. Pero la cara del lector va cambiando hacia actitudes más positivas cuando aparece un ángel de escaso tamaño vestido cual gángster de los años 30, se introducen en la ecuación un grupo de brujas y se descubre la verdadera naturaleza de Barnabus. Y al final, lo cierto es que Victor Gischler y Juan Ferreyra han firmado un tebeo trepidante, divertido, algo macarra y bastante violento, un smash-up de criaturas de terror que funciona bastante bien.

Lo atractivo de Kiss Me, Satan no está ni en su escenario, ni mucho menos en la decisión de colocar a hombres lobo en la cúspide de la mafia, ni tampoco en las relaciones que se establecen entre los personajes, con el protector a la fuerza en busca de una redención probablemente imposible que sucumbe ante los encantos femeninos de alguna de sus protegidas. Todo es, en realidad, bastante cercano, a veces incluso suena a trillado. Pero Gischler le mete tal ritmo y está tan dispuesto a convertir esta historia de huida y supervivencia en una escabechina en la que ningún personaje está seguro que todo eso da igual. El tebeo propone un viaje sin paradas y da gusto subirse al coche con los protagonistas y dejarse llevar por este delirante cruce de monstruos clásicos sobre la faz de la tierra, donde se mezclan ángeles, demonios, vampiros, hombres lobo y zombis con una naturalidad bastante asombrosa y nada recargada. Barbanus Black es, probablemente, el personaje que mejor responde a esos arquetipos en los que se basa la historia, lo que supone que aceptarle a él como hilo conductor del relato es aceptar Kiss Me, Satan como lo que es, un simpático entretenimiento de fantasía violenta, que no se detiene en ningún momento y que tiene simpáticos hallazgos puntuales como el vaquero de huesos.

Ahí es donde entra en juego el dibujo de Juan Ferreyra. Después de haber convencido con su visión de la locura en Colder (aquí, su reseña), en Kiss Me, Satan le toca lidiar con iconos del terror a los que tiene que colocar en un mundo contemporáneo, y no sale nada mal parado de la prueba. La fantasía oscura que hay en sus páginas es probablemente lo que más permita el lucimiento a Ferreyra. El ya comentado vaquero de huesos o el auténtico aspecto de Barnabus se cuelan entre los méritos más evidente del ilustrador en esta miniserie, en la que explota con mucho acierto tanto la desmesurada violencia que le coloca Gischler en el guión como la evidente sexualidad, como casi siempre femenina, que se convierte en el otro gran argumento de la historia. En otras palabras, Kiss Me, Satan es una historia de brujas, demonios y hombres lobo llena de masacres y peleas, persecuciones de coches y mujeres deslumbrantes. Tópico, sin duda, pero a la vez terriblemente eficaz. Ferreyra, cuyas figuras a veces son algo estáticas, pasa con nota el desafío que supone dotar de credibilidad a una amalgama tan poco ortodoxa. Kiss Me, Satan no ganara Eisners, pero es una de esas lecturas endiabladas que se pasan en un suspiro y que invitan al lector a preguntarse si está ante un universo que pueda prolongarse en el tiempo, aunque todavía no lo haya hecho, o del que podrían empezar a salir spin-offs.

El volumen incluye los cinco números de Kiss Me, Satan, publicados originalmente por Dark Horse entre septiembre de 2013 y enero de 2014. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Dave Johnson y Juan Ferreyra, y un portafolio de bocetos comentado por Ferreyra.

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Esta entrada fue publicada en 19 febrero, 2016 por en Cómic, Dark Horse, Juan Ferreyra, Medusa, Victor Gischler y etiquetada con , , .

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