CÓMIC PARA TODOS

‘Black Hacker + Zeta’, de Juan Carlos Cereza y Juan Santacruz

numeros-F913-153-324-188Editorial: Aleta.

Guión: Juan Carlos Cereza.

Dibujo: Juan Santacruz.

Páginas: 152.

Precio: 17,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Septiembre 2015.

Son muchos los cómics, las iniciativas, los sellos y las líneas editoriales que van ganando prestigio con los años. Laberinto, aquel intento noventero de Planeta DeAgostini de dar salida a historias creadas por autores españoles que no se encontraran en la primera fila de la industria, encaja perfectamente en esa descripción. Leyendo Black Hacker y Zeta, las dos historias de Juan Carlos Cereza y Juan Santacruz que recopila este volumen, no se tiene la sensación de estar leyendo dos clásicos del cómic, sino más bien unas historias primerizas en las que los autores se lo pasaron francamente bien. Esa impresión traspasa la página y arrastra al lector a dos divertidos escenarios de ciencia ficción. Y sí, podemos detenernos en los defectos o en las carencias que pueden tener estas historias, que de hecho los tienen, pero la nostalgia, poderoso aliado de cualquier obra nacida en un contexto determinado y generalmente desfavorable, hace que la balanza se incline claramente del lado del tebeo en cuestión. Cereza tritura influencias bastante reconocibles y elementos que forman parte del ideario soñado de cualquier fan para dar forma a sus historias de hackers, revoluciones, cazarrecompensas y robots, y Santacruz les da forma con un dibujo complejo y recargado que potencia con un buen uso de la tinta en su blanco y negro.

Black Hacker nos lleva hasta una dictadura. Zeta más bien hacia una anarquía de comportamiento. La primera habla de rebelión, la segunda de encontrar los rincones oscuros del sistema. Black Hacker habla de la familia, Zeta de la amistad. En una y otra, Cereza busca territorios muy diferentes para dar rienda suelta a sus ideas de ciencia ficción, y aunque parezca contrapuestas en realidad son más bien complementarias. En realidad, las dos comparten más elementos de los que las diferencias. Hay un entorno futurista opresivo, uniformes, tipos duros, chicas aún más duras, robots y armas de todo tipo, y son historias violentas y sumamente entretenidas, que, si acaso, se pierden en la inmensidad de mundos complejos que tienen que ser desarrollados en un espacio tan corto que no se comprenden de forma completa y en un primer y despreocupado vistazo todas sus características y particularidades. Cereza desarrolla mucho más Black Hacker que Zeta, donde se conforma con divertirse con un robot cazarrecompensas que suelta referencias cinéfilas para todo, y es en la primera donde se nota una influencia más directa del cine, de mundos futuristas como los de Blade Runner o Días extraños. Ambas, en todo caso, funcionan francamente bien con un tono climático continuo, personajes carismáticos y buenas escenas de acción.

Santacruz dice en las líneas que escribe para este volumen que recupera estas dos historias de los 90 que era reticente a que se publicaran de nuevo porque lo ve como un trabajo “de alguien que tiene todo por aprender, contiene más errores que aciertos”. Esa, por supuesto, es la visión de un artista crítico con sí mismo. Y aunque en parte se le pueda dar la razón, más por trabajo primerizo que equivocado, lo cierto es que disfrutable de principio a fin. Sus exageradas anatomías, sus rostros casi caricaturescos y sus arriesgados puntos de vista y diseños de página hacen que tanto Black Hacker como Zeta sean exactamente lo que pretendían ser en el momento en que se publicaron por primera vez: puro escapismo de ciencia ficción que, a la vez, sirviera de escaparate a talentos por consolidar. Las cuatro páginas de la historia inédita que cierra el libro, Los cuentos de Babah, es un contraste porque tiene más blancos que negros, más trazos que tintas, pero encaja en el estilo que ha mostrado en las dos historias principales del libro. Black Hacker + Zeta es uno de esos volúmenes que merecen la pena porque escarban en la arqueología del cómic español, no el de los grandes nombres, no el de los consolidados personajes de humor, sino en los intentos por crear una industria diferente, equiparable a la de otros mercados. Una utopía, sí, pero una utopía bonita.

Planeta DeAgostini, dentro de su línea laberinto, publicó originalmente los tres números de Black Hacker entre octubre y diciembre de 1997, y Zeta en octubre de 1999. El contenido extra del volumen lo forman introducciones de Antoni Guiral, Juan Carlos Cereza y Juan Santacruz, las cubiertas originales del ilustrador y una galería de bocetos y diseños.

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Esta entrada fue publicada en 11 febrero, 2016 por en Aleta, Cómic, Juan Carlos Cereza, Juan Santacruz y etiquetada con , , , .

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