CÓMIC PARA TODOS

‘Los Kurdles’, de Robert Goodin

P-Robert Goodin - Los Kurdles - forroEditorial: La Cúpula.

Guión: Robert Goodin.

Dibujo: Robert Goodin.

Páginas: 68.

Precio: 16,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Enero 2016.

Viendo las series en las que Robert Goodin ha trabajado en el mundo de la animación, títulos como Rugrats o Padre Made in USA, Los Kurdles no es necesariamente una sorpresa, ni en cuanto a su calidad ni tampoco en cuanto al tono que adopta. Los Kurdles, para empezar, es un cuento. Uno pequeño, sin especiales pretensiones aparentes, uno en el que una osita de peluche acaba perdida en la carretera, quiere encontrar el camino de vuelta a casa, de repente se encuentra entre unas criaturas fantásticas que viven una aventura singular. Pero más que un cuento, es una historia extraña y arriesgada, mucho más de lo que su envoltoiro infantil quiere sugerir. Quizá ahí la obra se queda un tanto corta, tanto en su extensión, francamente breve y apenas superior a las 60 páginas, como en lo que cuenta, que no deja de ser un episodio muy concreto dentro de un universo que se antoja mucho más inabarcable. O quizá esa no es más que una sensación que deja el libro precisamente por ser una aproximación singular, bizarra y bastante traviesa a una fantasía distinta, que se va alejando página a página del entorno de comodidad del cuento más clásico para acabar siendo una historia de contundente personalidad propia. Puede dejar una cierta sensación de perplejidad, pero si se escarba bajo la superficie su misma rareza le da un gran empaque.

La simple colección de personajes que reúne Goodin ya es un gran indicativo de por dónde van los tiros. El osito de peluche es algo clásico en los relatos de género, también en los cuentos, pero el extraño e inclasificable grupo con el que se encuentra y la aventura que vive con ellos es lo que lleva a Los Krudles a terrenos inexplorados, extraños en grado sumo, y a un relato cargado de momentos impredecibles y cargados de imaginación. Ahí, en su imaginación, es donde destaca con fuerza esta obra, simpática y perturbadora casi a partes iguales y en la que la presencia de los humanos se reduce a las tres primeras páginas. A partir de ahí, y sin ánimo de adelantar las sorpresas que se tiene guardadas el autor, nada parece imposible. Ni las casas a las que les crece el pelo, ojos y una boca por la que cantan melodías del folclore anglosajón ni los seres que cambian de color y que son alérgicos al pelo. Tan extraño es todo que Goodin consigue que el lector acepte casi sin reservas hasta que una osita de peluche hable como lo hace la protagonista de esta obra, Sally, cuyo objetivo inicial de regresar junto a su dueña (casi como si fuera un extravagante reflejo de Toy Story) se va diluyendo con el paso de las páginas para dar mayor protagonismo a un mundo de fantasía desbordante en el que no parece haber límites.

Es un rasgo bastante habitual del cuento adulto la mezcla de una historia muy compleja con un dibujo que alienta a pensar con más claridad en una historia más infantil o, al menos, juvenil. Los Kurdles no sólo no se escapa de esa tendencia, sino que Goodin hace que sea una de las principales armas de su relato. Y parte, como no podía ser de otra manera, de la osita Sally, a la que dota de una personalidad extraordinaria sin apenas rasgos faciales definitorios y sin expresividad de ninguna clase. Eso tiene un mérito enorme y llega por el reflejo de todo lo que hay a su alrededor, de un mundo de adultos que se intuye más que verse, de un mundo natural del que sale maltratada y de la contraposición entre su frialdad aparente y la enorme calidez que desprende el resto de los personajes con los que se encuentra, incluyendo el formidable diseño de la casa a la que le crece pelo, uno de los hallazgos clave de la obra. Los Kurdles puede ser una obra más extraña que genial, aunque precisamente por lo primero puede colocarse en lo segundo sin ningún problema. Lo que está claro es que incita a pasar la página. Y a pensar en lo que está sucediendo. Y en lo que podría suceder a partir de su final si el “creo que esto me va a gustar” se convierte en un deseo del autor de continuar lo que ha empezado con este imaginativo, original y más que peculiar libro.

Fantagraphics publicó originalmente The Kurdles en mayo de 2015. El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 2 febrero, 2016 por en Cómic, Fantagraphics, La Cúpula, Robert Goodin y etiquetada con , .

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