CÓMIC PARA TODOS

‘Codeflesh’, de Joe Casey y Charlie Adlard

codefleshEditorial: Aleta.

Guión: Joe Casey.

Dibujo: Charlie Adlard.

Páginas: 136.

Precio: 13,95 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Marzo 2015.

Joe Casey y Charlie Adlard crearon una pseudo revisión de Rorschach en Codeflesh. Es el referente más obvio pero no el único de este cómic publicado por entregas en revistas hace ya más de una década. Por ahí, nada original, más bien un síntoma de lo mucho que disfrutaba (y sigue disfrutando) el cómic utilizando personajes urbanos y violentos, perdedores sin esperanza que se mueven en mundos turbios de criminales y strippers. Igualmente entretenido, pero sin novedad. Y entonces llega el octavo de los nueve capítulos de los que consta esta historia y Casey ofrece una de las sorpresas más espectaculares, inteligentes y innovadoras que se le podrían haber ocurrido, un número narrado de una forma original y diferente que sirve para dar una nueva dimensión a toda la serie en su conjunto. Codeflesh se convierte en ese momento en un tebeo mucho mejor de lo que estaba pareciendo hasta ese momento y una muestra de la forma en la que Casey lleva años, con mayor o menor acierto, intentando ofrecer un ángulo nuevo al muy usado arquetipo del justiciero enmascarado. Puede resultar injusto, en este caso para beneficio del tebeo, que se le juzgue por un único número de los nueve que forman la historia, pero es que ese número es francamente bueno y arrastra a todo el conjunto a un nivel mejor del que estaba mostrando hasta ese instante.

La verdad es que el formato impulsa la narración con bastante facilidad. El hecho de que los episodios se queden en doce páginas, y no en las veinte acostumbradas en el formato de comic-book, da un dinamismo mayor a la lectura. Quizá se coma algo de pausa para presentar a los personajes, algo que se va haciendo con cuentagotas y sin salirse demasiado de la pareja protagonista, Cameron Daltrey, un tipo que hace el trabajo de llevar a los supercrimimales a sus citas con la justicia escondido debajo de una máscara, y su chica, Maddie, una bailarina exótica. En ellos se centra lo que hace de Codeflesh una auténtica serie de culto, con una relación imposible, abocada al fracaso, en un mundo oscuro, siniestro y violento, algo que estalla con fuerza en la brillante narración de ese octavo episodio, de largo el momento más memorable de la creación de Casey y Adlard, a la que, después de ese momento narrativo álgido, le queda tiempo para que su propio epílogo sea una loa al personaje, al tono y al mundo que han creado. Es facilísimo caer en las garras de Codeflesh precisamente porque el protagonista es un perdedor. La serie no sólo llegó en el momento adecuado, cuando el héroe para serlo tenía que albergar dudas y multiplicar traumas, sino que no ha perdido un ápice de actualidad.

Cuando dibujó Codeflesh, Charlie Adlard todavía no era conocido como el ilustrador de Los muertos vivientes (aquí, reseña de su segundo número, el primero del que se encargó), pero ya se pueden ver rasgos comunes. Adlard acepta la violencia que hay en el mundo y la enseña de una forma explícita precisamente para acentuar las debilidades del protagonista. En realidad, esa es la mejor de demostrar que el ilustrador sabe captar todo lo que es importante en cada personaje. Cameron es un tipo con problemas. Su aspecto desaliñado lo indica, también el atuendo de su alter ego enmascarado, lejos de los pulcros trajes de licra que visten los héroes del cómic y sin demasiado contraste con los criminales a los que persigue. Cassie es una bomba sexual, pero al mismo tiempo es una mujer enamorada que quiere desenamorarse. Su agotamiento personal es patente en cada ilustración que Adlard hace de ella, desde la primera a la última. Y el camino entre ambos puntos es lo suficientemente espectacular como para que Codeflesh sea un atractivo justiciero urbano que se mueve en un mundo sórdido y podrido. El culmen es, como en el guión, el octavo número. Codeflesh es algo más que esas páginas, pero partiendo desde esa genialidad es fácil entender el resto de una manera más completa.

El volumen incluye las nueve historias publicadas de Codeflesh, publicadas originalmente entre 2001 y 2002 en las revistas Double Image y Double Take, la primera de Image y la segunda de Funk-O-Tron, todas ellas recopiladas por Image en el volumen que se publicó en marzo de 2009. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Charlie Adlard y dos ilustraciones suyas, un prólogo del ilustrador y unas notas finales de Casey Kelly.

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Esta entrada fue publicada en 1 febrero, 2016 por en Aleta, Cómic, Charlie Adlard, Image, Joe Casey y etiquetada con , , .

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