Cómic para todos

‘Superlópez en el laberinto’, de Jan

MAGOS-173Editorial: Ediciones B.

Guión: Jan.

Dibujo: Jan.

Páginas: 48.

Precio: 12 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Enero 2016.

Después de unos cuantos álbumes en los que Jan ha intentado colocar a Superlópez en el centro de cuestiones sociales o de actualidad como El gran desahuciador (aquí, su reseña), La montaña de diamantes (aquí, su reseña) o Mambrú se fue a la guerra (aquí, su reseña), regresa la vertiente más aventurera y sencilla, basándose esta vez en las doce pruebas de Hércules para construir Superlópez en el laberinto. Hay que asumir que no es un tema excesivamente nuevo u original en el mundo del cómic. Hace no demasiado, David Rubín lo retrató en la narrativamente muy original El héroe (aquí y aquí, reseñas de sus dos volúmenes) y Las doce pruebas de Astérix es uno de los grandes clásicos de Goscinny y Uderzo sobre sus populares galos. El añadido de Jan a esta premisa es que las doce pruebas al las que tiene que hacer frente surgen de un contubernio de villanos. A partir de ahí, tampoco hay que esperar muchas innovaciones, más allá del disfrute del viaje del héroe visto a través de los ojos de uno tan singular como Superlópez, ya que el álbum se convierte en una sucesión de gags para explicar por qué falla cada una de las trampas que los malos de la función han colocado para acabar con su némesis y, quizá lo más divertido, para que Luisa demuestre que lo suyo con Superlópez no es exactamente una historia de amor.

El mismo mapa del laberinto en el que se colocan esas doce trampas da una idea de que estamos ante una historia bastante lineal, sin demasiados desvíos o intenciones ocultas. Ajan busca divertir desde el chiste concreto y puntual más que con un trasfondo más elaborado. Casi da la impresión de que, efectivamente, ha buscado un respiro clásico a las aventuras más contemporáneas que había buscado en los últimos álbumes. Y eso, con mayor o menor acierto, le sienta muy bien a Superlópez. De los anteriores queda el tiempo que tarda Jan en mostrar al héroe, siete páginas en su identidad de civil (a tiempo de colar un chiste futbolero muy simpático para los aficionados del Barça) y diez en la uniformada. A partir de ahí, acción sin fin y un despliegue de imaginación para adaptar las doce pruebas clásica de Hércules a lo que pueda funcionar para Superlópez. En algún momento sí que da la impresión de que el delirio es algo excesivo, cuando el ganado de Gerión se convierte en unas bolas de billar de colores y prominentes dentaduras, pero hay detalles terriblemente alocados, como esa maquinaria pensada para arrancar la ropa de los protagonistas, sobre todo los pantalones de Luisa. Es Luisa, precisamente, quien cobra un papel más divertido en la historia por rebatir el papel de héroe de Superlópez de forma continua.

En su faceta de dibujante, Jan sigue teniendo el lápiz muy bien afilado. Es verdad que los modelos de los personajes están ya tan definidos que no hay demasiado margen para la sorpresa, del mismo modo que le sucede a Ibáñez con Mortadelo y Filemón, pero, siguiendo ese mismo ejemplo, es tan fácil dejarse seducir por estos inmortales personajes de la historieta española que cuesta encontrar fisuras en el dibujo. Jan sigue siendo hoy en día tan efectivo como lo ha sido siempre en las aventuras de su superhéroe patrio. Quizá lo más novedoso haya que buscarlo en la puesta en escena de las trampas, la forma en la que adapta el relato mitológico para adecuarlo a su personaje, y puede que de esta manera lo que más se agradece, por curioso que sea e incongruente que pueda parecer, es precisamente el delirio que conduce al guión a sus momentos más delicados. Superlópez en el laberinto es un respiro amable para una serie que parecía estar derivando hacia preocupaciones algo más serias de lo habitual. Puede que el mismo Jan simplemente tuviera ganas de divertirse con un álbum sin necesidad de darle más vueltas, ni por su parte ni por la del lector. Eso suele convencer con bastante facilidad cuando el bagaje del personaje lo permite. Y si hay un personaje que se puede permitir este lujo, ese es Superlópez. Disfrutemos pues con Jan.

El álbum, número 173 de la serie Magos del humor, no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 26 enero, 2016 por en Cómic, Ediciones B, Jan, Superlópez y etiquetada con , .

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