CÓMIC PARA TODOS

‘Colder’ 1, de Paul Tobin y Juan Ferreyra

Colder_01Editorial: Medusa.

Guión: Paul Tobin.

Dibujo: Juan Ferreyra.

Páginas: 156.

Precio: 15,95 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Octubre 2015.

El cómic es probablemente el medio más complicado para que el terror encuentre buenas sensaciones. Las historias son universales, pero la ausencia de referencias móviles o visuales hace que el impacto del horror se vea francamente limitado en las viñetas. Sin embargo, hay tebeos que, de vez en cuando, despiertan ese escalofrío en la espalda e incluso un impacto aterrador al pasar la página. Colder entra en esa categoría porque Paul Tobin es capaz de hacer un análisis fascinante sobre la locura que se extendía más allá del trío protagonista, el que forman Declan, un hombre cuya temperatura corporal tendría que haberle matado y que lleva tiempo ensimismado en un peculiar coma; Reece, una enfermera que ha asumido el cuidado particular de Declan; y Nimble Jack, antagonista del primero y personificación de la locura. Tobin, ayudado por los fascinantes dibujos de Juan Ferreyra, supera los inconvenientes que puede tener una historia que deja tantas preguntas respondidas como por responder y que elude voluntariamente las excesivas explicaciones para dejar que la historia fluya en base a sentimientos y sensaciones. Ese es el mérito de Colder, en realidad más una anécdota y un primer vistazo a un en apariencia inagotable que una gran historia más grande que la vida. Lo grande es lo que provoca.

Teniendo en cuenta que lo más destacado de este relato está en el impacto, sería absurdo profundizar en su argumento porque supondría una violación de las intenciones de los autores. Mejor sorprenderse en cada página, y no necesariamente porque haya grandes e inesperados giros sino porque la historia está muy bien trazada en lo que quiere contar. Porque Tobin no lo quiere contar todo, ni mucho menos. Y esa es otra de las bondades de Colder. Puede que para algunos lectores no lo sea, porque hay quien quiere relatos más cerrados y redondos, que den todas las respuestas, pero precisamente por el hecho de sea la locura el tema central de la obra queda francamente bien que queden muchas cosas por atar. Si eso afecta en algún momento puede ser en el clímax, que queda reducido a algo más convencional de lo que hacía indicar el atrevimiento de algunos pasajes previos, pero en general la historia funciona francamente bien para lo que pretende, que es generar el desasosiego del lector partiendo de situaciones cotidianas y accediendo a un mundo de pesadilla que trasciende el horror físico en el que suele caer a veces tan desacertadamente el género de terror. Tobin se mueve a gusto en este género, como en tantos otros, porque ante todo es un muy buen escritor.

El aspecto de Colder es parte imprescindible de las sensaciones que provoca. Ferreyra sienta las bases de un mundo fascinante. Lo hace desde la primera secuencia, antes de que se produzca una larga elipsis temporal, y lo hace con el mundo de locura que crear, una especie de dimensión paralela en la que nada está en su sitio y todo resulta amenazador. Pero en realidad también lo hace desde la realidad más cotidiana y con su contraste con la locura, con lo que la conclusión que se puede extraer es que todo en Colder provoca sensaciones muy poderosas. Aunque en algún momento se puede llegar a pensar que hay viñetas que desentonan, o incluso partes concretas de viñetas, lo cierto es que todo suma para que el terror se dispare. A nivel de diseño, la serie es una pequeña gran maravilla, que encaja en el género pero al mismo tiempo encuentra espacios diferentes en su interior, e incluso la sensación inicial de que Nimble Jack es una especie de émulo del Joker se supera con facilidad. El color es una pieza fundamental, y buena parte de la agradable sensación de terror que genera el mundo de la locura procede del salto a unas tonalidades mucho menos coloristas y  más siniestras. Colder engancha por la forma y por el fondo, por el buen hacer de Tobin y por el notable trabajo de Ferreyra, y se cierra satisfactoriamente, a la espera de su continuación.

El volumen incluye los cinco primeros números de Colder, publicados originalmente por Dark Horse entre noviembre de 2012 y marzo de 2013. El contenido extra lo forman las portadas originales de Juan Ferreyra y un portafolio de bocetos del mismo autor.

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Esta entrada fue publicada en 5 enero, 2016 por en Cómic, Dark Horse, Juan Ferreyra, Medusa, Paul Tobin y etiquetada con , , .

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