CÓMIC PARA TODOS

‘Death Row. El corredor de la muerte’, de Marc Sans y Óscar Perales

Portada_Death_RowEditorial: Drakul / Likantro.

Guión: Marc Sans.

Dibujo: Marc Sans y Óscar Perales.

Páginas: 128.

Precio: 13,95 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Diciembre 2015.

Cuando Robert Kirkman inició Los muertos vivientes, cambió por completo la dinámica del género zombi. La criatura no muerta, el ser repulsivo que no puede refrenar sus impulsos por comer carne humana, dejó de ser el enemigo principal y se convirtió en el marco, en el escenario, para desarrollar historias en las que el villano, mucho más que el héroe, fuera el ser humano. Hace ya doce años del nacimiento de aquello y su influencia sigue siendo muy notable en obras de nuestros días, como sucede con Death Row. El corredor de la muerte, la obra con la que regresan al mundo del cómic Marc Sans y Óscar Perales, cinco años después de La noche de los cautivos, su primer cómic. Los autores no eluden la referencia, e incluso la glorifican por situar su historia en una prisión. El marco, un virus que se extiende en el exterior, también dentro de la cárcel, incontables seres que mueren y resucitan como criaturas sin cerebro y ávidas de carne y sangre. Pero el propósito real está en hablar del alma humana, de lo que está dispuesto a hacer el hombre en situaciones límite. Y aunque sea un marco más o menos conocido, Sans y Perales hacen que la historia fluya con bastante naturalidad, sin demasiadas sorpresas pero con oficio, y haciendo que el contundente blanco y negro, casi más negro que blanco, sea una expresión directa del tono que tiene el relato en todo momento.

Death Row es más eficaz que innovador. Esa es la premisa básica de la historia que escribe Sans, saber que va a funcionar dentro de los parámetros habituales del género, y sobre todo del que resultó de la irrupción de Los muertos vivientes. Que la propia serie de Kirkman tuviera un arco argumental que acontece en el interior de una prisión da incluso más fuerza a la conexión con aquel título. La diferencia estriba en que Sans ha querido jugar con las fronteras entre los buenos y los malos. Casi todos los personajes que maneja son fuerzas del orden o criminales condenados y el principal protagonista, Dave Walker, es quien está entre ambos, como ex policía y como sentenciado a morir. Así, lo más interesante de Death Row es la oscilación de la línea que separa ambos mundos en el comportamiento de los diferentes personajes. Es un juego interesante, aunque no haya demasiadas sorpresas en su desarrollo. De hecho, la historia empuja en esa dirección y por momentos hasta se olvida, consciente y acertadamente, de la razón por la que el grupo no puede abandonar la prisión. Zombis sin zombis. Y cuando estos aparecen, sean infectados o cualquier otro derivado, cumplen su papel preasignado, añadiendo esa dificultad en el escenario y algo de dramatismo personal por las bajas que obviamente se van produciendo.

El dibujo, compartido entre Sans y Óscar Perales, es parte de esa elección temática. Si de lo que se trata es de sondear el grado de oscuridad del alma humana en la situación límite que se plantea, optar por un blanco y negro contundente, con muchas tintas que se apoderan de los escenarios, de las ropas, de las sombras y en ocasiones hasta de las expresiones de los personajes, es una opción muy acertada y coherente con lo que se está contando. Quizá falte algo de expresividad en los rostros, y en ese sentido hay una dependencia bastante grande en los diálogos para comprender algunas secuencias, sobre todo por la apuesta por una gran cantidad de viñetas de pequeño tamaño, muy pocas grandes y escasas splash pages, lo que incide en el carácter contenido de la historia. La estructura episódica ayuda a que en Death Row destaque también una planificación cinematográfica que estalla precisamente a la hora de presentar el título de la obra al final del primero de los catorce capítulos de que consta la historia. Este es un tebeo pensado mucho más para entretener que para sorprender, y en ese sentido cumple con bastante eficacia, convirtiéndose en una buena lectura para amantes de los muertos vivientes y sus derivados pero también para quienes gusten de ese cambiante estado entre el bien y el mal.

El único contenido extra es un pequeño portafolio de bocetos.

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Esta entrada fue publicada en 29 diciembre, 2015 por en Óscar Perales, Cómic, Drakul, Marc Sans y etiquetada con , , .

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