CÓMIC PARA TODOS

‘La máscara’, de André Franquin

Portada_FranquinLaMascaraEditorial: Dibbuks.

Guión: André Franquin.

Dibujo: André Franquin.

Páginas: 112.

Precio: 25 euros.

Presentación: Cartoné con sobrecubierta.

Publicación: Julio 2015.

A lo largo de las décadas, Spirou y Fantasio se han convertido en auténticos iconos del cómic, y eso invita a pensar que parece imposible encontrar una de sus aventuras que no proporcione el mínimo entretenimiento que justifique su fama, no sólo ya entre el lector francobelga sino fuera de su zona de influencia más cercana. Y si hablamos de La máscara, uno de los primeros álbumes de los personajes que hizo André Franquin, encontramos muchas de las razones de esa universalidad, disfrute y categoría de los personajes como emblemas de una forma de entender el cómic juvenil que, pase lo que pase, no tiene pinta de caer olvidada. Más cuando se acerca tanto a las claves del thriller más intenso y casi cinematográfico, que, entre otros muchos motivos para ensalzar el trabajo de Franquin, cuenta entre sus páginas con una memorable escena que acontece en el Tour de Francia que es la más clara demostración en esta obra de lo bueno que era el autor. Por supuesto, siendo un tebeo de 1954 hay que hacer ciertas concesiones a la historia, porque la verosimilitud nunca ha sido el principal objetivo de este tipo de hacer tebeos, pero eso no es un ningún obstáculo para que lectores de cualquier edad disfruten de este delicioso relato de misterio, que además llega en una edición extraordinaria, comentada para que no se pase por alto ningún detalle de todos los que hacen especial esta entrega de la serie.

Franquin traza un guión con claros tintes hitchcockianos, con un falso culpable a la fuga, situaciones estrambóticas, planes criminales maestros. Todo lo que podía contener Con la muerte en los talones o El hombre que sabía demasiado pero llevado al terreno de Spirou y Fantasio, personajes que funcionan increíblemente bien en este tipo de enredo. Franquin, además, les usa tanto juntos como por separado, poniéndoles a prueba como personajes pero también como el equipo inseparable que forman. Y eso ayuda a que el misterio y su desarrollo sean muy variados, muy dinámicos y, por tanto, muy entretenidos. Todo quizá desde una perspectiva algo inocente (la misma máscara que da título a la obra es algo a lo que hay que echarle mucha imaginación para aceptar su verosimilitud), pero que también ayudan a que Franquin se muestre como un guionista muy capaz de ir deshaciendo entuertos, de ir solventados los problemas que genera la misma vorágine en la que mete a sus protagonistas. Eso mismo también le mete en algún problema, por ejemplo en el uso del tiempo o incluso con aspectos (explicados de forma espléndida en las anotaciones) que desafían la credibilidad. Pero nada desequilibra el álbum porque el vértigo y el ritmo forma parte del mismo de una forma muy natural, con lo que nada rompe la magia que es capaz de generar Franquin, una magia que, además, es completamente intemporal.

Siendo un thriller cómico de acción destinado a un público juvenil, y con un estilo de dibujo caricaturesco y muy marcado por los diseños ya conocidos de unos personajes que no creó Franquin, es casi increíble todo lo que hace el autor. Diferentes puntos de vista, planos extraordinarios, una sensación de movimiento bestial (y ahí hay que destacar de nuevo la escena del Tour, inverosímil en su conclusión, sin duda, ¿pero qué más da ante tantísima diversión?). Franquin era un narrador visual de primer nivel, y analizando este tebeo desde una perspectiva del dibujo las conclusiones no pueden ser más elogiosas. La máscara es uno de esos tebeos de los que cuando uno los lee de niño no es capaz de asimilar toda la genialidad que esconden. Los disfruta, los relee, los comenta y hasta sueña con ellos, pero no es hasta que los ve desde una perspectiva más adulta cuando se da cuenta de todo lo que ofrecen. Y eso se nota, sobre todo, en los detalles que sitúan la historia y en muchísimos elementos del dibujo, algo que incluso salta más a la vista atendiendo a las limitaciones compositivas del cómic francobelga. La máscara es una de esas delicias que sirve para reivindicar una forma de hacer tebeos que ni ha muerto ni podrá morir jamás, pero también para ensalzar el arte que se esconde en eso que muchas veces se ha despreciado como entretenimiento popular. Y en eso Spirou y Fantasio son auténticos expertos. Como Franquin.

La Mauvaise Tête se publicó originalmente entre los números 840 y 869 de la revista Spirou, de 1954. Dupuis publicó el álbum en 1956, siendo el octavo de la colección de Spirou et Fantasio. Y esta edición comentada de lujo se publicó por primera vez en noviembre de 2014.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 10 agosto, 2015 por en André Franquin, Cómic, Dibbuks, Dupuis, Spirou y etiquetada con , , , .

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 237 seguidores

Archivos

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: