CÓMIC PARA TODOS

‘Sandman. Noches eternas’, de Neil Gaiman

sandman_noches_eternasEditorial: ECC.

Guión: Neil Gaiman.

Dibujo: P. Craig Russell, Milo Manara, Miguelanxo Prado, Barron Storey, Bill Sienkiewicz, Glenn Fabry, Frank Quitely, John Bolton, Michael Zulli, Dave McKean.

Páginas: 184.

Precio: 18,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2014.

Si algo era Sandman, era una historia cerrada. Era el último viaje de Morfeo, el que Neil Gaiman contó a lo largo de 75 números. Pero había genialidad en su planteamiento, tanta magia en sus historias, que su universo difícilmente podía quedar cerrado en esos 75 números. Por eso existen otros tebeos como Noches eternas, un homenaje de Gaiman no sólo a Sandman en general, sino a los Eternos en particular, y también al cómic como medio narrativo. El homenaje a Sandman es evidente, y es que este es un libro que se lee de forma independiente. Son historias cortas, pequeños retazos sobre cada uno de los Eternos, en general al margen de la trama principal aunque a Gaiman se le escapa algo relacionado con ella en el relato de Sueño, como en realidad no podía ser de otra manera. Es, efectivamente, un homenaje a los Eternos, que evidencia que el Gaiman narrador entiende a cada uno de esos personajes tal y como es, con sus particularidades y sus diferencias. Gaiman no se siente capaz de escribir igual para Delirio que para Muerte. Y es un homenaje al cómic no sólo por la brutal selección de dibujantes que colaboran con el libro, algo que también estaba ya presente en la serie regular, sino incluso por ese capítulo final que hace que Sueño trascienda la página y se convierta en una presencia real, una en la que el propio Gaiman es narrador, protagonista y, por encima de todo, soñador.

Tan inabarcable es el mundo de Sandman que Gaiman hace uso en Noches eternas de formas de narrar muy diferentes entre sí, en las que muestra un dominio absoluto del espacio y del tiempo (y a veces incluso en los relatos más aparentemente sencillos, como el de Muerte), y en el que sobresale la perfecta adecuación entre el relato y su protagonista. Hay historias más accesibles como las de Muerte, Deseo y Destrucción. Otras son más enigmáticas, filosóficas incluso difícilmente descifrables en todos sus términos, como los de Desesperación y Delirio. Abiertamente hermosas, como la de Destino. Y complementarios con las tramas ya conocidas, ya que así se ha de interpretar el segmento de Sueño. Diferentes entre sí, expansiones de un mundo fieles a sus reglas y sus pretensiones, pequeña poesía encerrada en las pocas páginas dedicadas a cada uno de los Eternos. Y con las tres historias cortas que cierran Noches eternas, de entre las que sobresale la última, La última historia de Sandman, por su sencillez, su imaginación y su metalenguaje, el libro se configura como una pequeño gran apéndice a la historia central. Puede que caiga sobre el lector la sospecha de que se trate de un libro de marcado interés comercial, pero en cuanto se abre se olvida cualquier pensamiento en esta línea, porque es imposible no soñar dentro de él.

Como Gaiman sabe lo que escribe y para quién, parte esencial de esa sensación está en los dibujantes que escoge. P. Craig Russell dibuja una Muerte extraordinaria, Milo Manara encarna como pocos el Deseo, Miguelanxo Prado aporta su innegable cualidad onírica a Sueño, Barron Storey asume la Desesperación desde un aspecto rompedor y de una riqueza visual apabullante, Glenn Fabry se queda con Destrucción desde una óptica algo más convencional y Frank Quitely borda el capítulo final del libro, el de Destino, apenas ocho páginas pero que son deslumbrantes. En los tres relatos finales, Gaiman cuenta con tres viejos conocidos de Sandman, John Bolton, Michael Zulli y el portadista de la serie, Dave McKean. Se antoja imposible que Noches eternas no provoque un inmediato impacto en el lector con semejante colección de artistas más que ilustradores, antes incluso de leer cualquier palabra que haya escrito Gaiman para ellos. Y son artistas más que ilustradores porque trascienden la simple belleza visual y se adaptan a la narrativa que les propone Gaiman con una naturalidad deslumbrante, hasta el punto de que se hace difícil imaginar a alguno de estos genios ilustrando otro capítulo que no sea el que el escritor ha escogido para ellos. Esa es la grandeza de este Sandman, menor en algunos aspectos si se quiere por la enorme altura de su serie central, pero genial como conjunto y en alguna de sus partes.

DC publicó originalmente The Sandman: Endless Nights en septiembre de 2003. El único contenido extra es una introducción del propio Neil Gaiman.

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