CÓMIC PARA TODOS

‘Orlando y el juego 1. La sociedad y la niebla’, de Luis Durán

Orlando-y-el-juego-cubierta-baja-ESP-590x590Editorial: Diábolo.

Guión: Luis Durán.

Dibujo: Luis Durán.

Páginas: 224.

Precio: 22,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Julio 2014.

Desde el principio es evidente que este primer volumen de Orlando y el juego, La sociedad y la niebla, no va a ser una lectura fácil. Y que además es una sobre la que no es fácil sacar conclusiones de forma inmediata, mucho menos sin saber por dónde va a llevarnos Luis Durán con este portentoso, incontrolable y filosófico despliegue de imaginación. Eso también está claro incluso desde antes de comenzar la lectura. Antes de llegar a la primera página, hemos visto una intrigante versión del juego de la oca que encierra en su interior a un hombre y unas sombras chinescas bajo el título en la portadilla interior.  Ahí ya se esconden muchas ideas de la historia, o al menos muchas interpretaciones posibles por parte del lector, que se van desarrollando poco a poco, con calma pero sin lentitud, con la sugerencia como arma principal, los saltos en el espacio y el tiempo como vehículo indispensable y una búsqueda con muchos tintes de misterio como herramienta secundaria para captar la atención del lector. Porque la principal, y es un término que se ha de aplicar con fuerza y en muchas ocasiones a este arranque de Orlando y el juego, es la imaginación. La hay en los planteamientos, en los mundos que imagina y dibuja Durán, que aplica un alto grado de experimentalidad a su sugerente narrativa.

Después de estas líneas, muchos se preguntarán de qué va realmente Orlando y el juego. Y esa es una pregunta a la que Durán no responde en realidad en su tebeo y que, probablemente, no tenga una única respuesta. Se podría decir que es la historia de Orlando, un tipo que recibe el encargo de detener a alguien que está haciendo algo que él mismo ya hizo un tiempo atrás, interfiriendo en el correcto desarrollo del tiempo. Eso es lo que se explica en las primeras páginas del libro, en el “Fractal uno”, porque esta historia se divide así y no por capítulos. Ese viaje, en efecto, tiene lugar en estas páginas. Pero no produce respuestas inequívocas, ahondando en el imaginativo (de nuevo un derivado del término clave) universo que plantea Durán, porque hay un continuo cambio de espacio y de tiempo. No es una búsqueda lineal y, por tanto, Orlando y el juego no requiere una lectura lineal. El libro pide una y otra relectura, ansioso por descubrir detalles que han pasado inadvertidos dentro de la narración. Ávidos de descubrir hechos, en los subsiguientes repasos se descubren también sensaciones, conexiones que no habían aparecido en el primer repaso de las viñetas. Pero al mezclar realidad y fantasía de forma tan fascinante, Durán sigue abriendo nuevos interrogantes que quedan sin una respuesta directa.

Ese es el logro fundamental de Orlando y el juego, que funciona incluso sin una comprensión inmediata de lo que se está contemplando. La ausencia de respuestas, o la ocultación de las mismas debajo de un manto tan filosófico en ocasiones como simplemente jugueton en otras (al fin y al cabo, el mismo título del libro ya nos anticipa que estamos ante un juego), no merma en absoluto la lectura. La fascinanción que produce es absoluta, tanto por el contenido como por el continente. Las figuras expresionistas que forman este singular y personal universo de Durán se mueven con una fluidez que casi parece onírica, y el uso que hace de los blancos en la composición de la página, en especial en las páginas finales de sus fractales (recordemos, como sustitutos de los capítulos), hace que la imaginación, la del autor pero también la del lector, pase a jugar un papel determinante en la lectura. “Jugar” viene a ser el segundo término esencial para entender este tebeo después del ya mencionado de “imaginación”. La historia empieza en un mundo de papiroflexia y terminando preguntándose que es todo esto. “Solo… un juego”. Uno fascinante, independientemente del nivel de respuestas que el lector crea haber conseguido al pasar las más de d0scientas páginas de La sociedad de la niebla. ¿Cuándo sigue esto?

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Esta entrada fue publicada el 9 septiembre, 2014 por en Cómic, Diábolo, Luis Durán.

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