CÓMIC PARA TODOS

‘Dragon Ball Z. La batalla de los dioses’, de Masahiro Osoda

dragon_ball_z_la_batalla_de_los_dioses-642182146-largeTítulo original: Dragon Ball Z: The Battle of the Gods.

Director: Masahiro Osoda.

Reparto: Masako Nozawa, Shigueru Chiba, Hiroko Emori, Ryō Horikawa, Toshio Furukawa, Mayumi Tanaka.

Guión: Yūsuke Watanabe.

Música: Norihito Sumitomo.

Duración: 85 minutos.

Distribuidora: Alfa Pictures.

Estreno: 30 de marzo de 2013 (Japón) y 30 de mayo de 2014 (Cataluña y País Vasco), 19 de junio de 2014 (resto de España).

No es habitual que una película anime como Dragon Ball Z. La batalla de los dioses llegue a los cines. Por factura y por costumbre, es un producto que parece mucho más dirigido al mercado de vídeo que al cinematográfico. De hecho, siendo ésta la decimoctava película de dibujos animados ambientada en este universo que se produce, hace ya 17 años que ninguna de ellas no pisaba una sala de cine. Esto, siendo una noticia espléndida para los seguidores de Bola de Dragón (que es, en definitiva, el título con el que llegó a España), puede acabar jugando en contra de la película, porque el nivel de la animación que llega a la pantalla grande se presupone mayor, y no es el caso. En ese sentido, es una película más de Dragon Ball Z, y eso lo más probable es que baste para convencer a los seguidores de la serie. En realidad, la película no funciona mal, aunque haya una clara apuesta por las escenas cómicas más que por las de acción, que se limitan a una primera batalla entre Gooku y Bils, el Dios de la Destrucción, y al clímax final, este ya más espectacular y con la reunión de numerosos personajes clásicos de la franquicia.

La forma en que se estrena y la propia concepción de la película juegan con la nostalgia como la principal arma. En ese sentido, con sus virtudes y sus carencias, casi parece irreprochable. Goku es el mismo personaje inocente de siempre, Vegeta el mismo arrogante, y el villano que se introduce en la historia, Bils, es una fuerza de la naturaleza en la que también se conjuga la habitual comedia de la saga. Nada es verdaderamente sorprendente en el desarrollo de la película, cumpliendo con la máxima de ofrecer algo siempre más espectacular que el título anterior, pero tampoco parece haber nada que esté fuera de sitio. Prescindiendo de esa nostalgia, el problema que tiene La batalla de los dioses como película es que esa lucha que se anuncia en el título sólo llega en el clímax final, sin que muchas de las cosas que suceden antes tengan especial relevancia. A Bils no se le da mucha más motivación que su simple existencia, a pesar de que se solventa con bastante habilidad una contradicción tan evidente como buscada, que el aspecto de este Dios de la Destrucción sea algo enclenque y a la vez pueda manifestar semejante poder.

Eso, en realidad, sólo se ve en el clímax de la película, que es lo mejor en casi todos los sentidos. También en cuanto a animación. Es el único momento en el que no parecen fuera de lugar los insertos de animación por ordenador que se cuelan en una animación tradicional que en una serie como Dragon Ball Z tampoco busca precisamente una excelencia visual. Es esa batalla final cuando la cámara adquiere un papel protagonista, cuando los personajes encajan en el movimiento y cuando el poder real de ambos contendientes sí se aprecia. El hecho de que sea, como se apuntaba antes, una película más de Dragon Ball Z y no un producto de calidad superior por el hecho de llegar a los cines hace que tampoco se espere de la cinta más que cumplir con la tradición de la franquicia, sin que haya grandes novedades en su aspecto visual. En realidad, casi destaca más el componente humorístico de la película, con acertados gags (y sobre todo la autoreferencia al anime que hace… Bils), que su simplemente correcto trabajo de animación y diseño. Es verdad que la animación tradicional tiene ya poca cabida en el cine actual, centrada en los filmes por ordenador, pero aún así está película deja cierto sabor a antiguo.

Dragon Ball Z. La batalla de los dioses se convierte en un episodio largo de la serie, que encaja en la tradición de la franquicia y no se desmarca de ella en ningún momento. En realidad, no quiere desmarcarse, quiere ser exactamente lo que es, sin buscar innovaciones técnicas, narrativas o argumentales que hagan de esta cinta un punto y aparte en la saga, y por eso, vista en su contexto ideal, no sólo no decepciona sino que ofrece un correcto entretenimiento. Incluso solventa con cierta facilidad uno de los grandes problemas que podría presentar, porque no se antoja necesario conocer prácticamente nada de la mitología de Dragon Ball o las películas previas para seguir la acción, incluso cuando se hace referencia a varias historias previas. Aunque  también procede advertir que, vista sin ojos de fan (o de un crío que haya crecido con esta serie), puede antojarse algo escasa, incluso levemente aburrida en su tramo central, después de que se presente al villano de la función y antes de ese enfrentamiento final con Goku. En esos minutos, hay que agarrarse a los momentos divertidos y esperar a lo mejor de la película, su tercio final. Y así, no deja de ser un entretenimiento vintage de una franquicia sumamente popular.

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Esta entrada fue publicada el 13 junio, 2014 por en Anime, Cine.

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