CÓMIC PARA TODOS

‘Los muertos vivientes’ 8, de Robert Kirkman y Charlie Adlard

LMV8Editorial: Planeta DeAgostini.

Guión: Robert Kirkman.

Dibujo: Charlie Adlard.

Páginas: 136.

Precio: 7,50 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Febrero 2009.

Si el séptimo volumen de Los muertos vivientes tenía el sugerente título de La calma antes de…, el octavo, Creados para sufrir, rellena esos puntos suspensivos con una virulencia que demuestra que no hay límites en esta serie. Desde el principio se ha planteado una situación límite, una supervivencia casi imposible en un mundo plagado de zombis. Robert Kirkman fue lo suficientemente hábil como para mantener un núcleo de personajes protagonistas y, al mismo tiempo, dar la sensación de que no había ninguno intocable. De que cualquiera podía morir en cualquier momento y por las más diversas causas. Pues bien, las fronteras de lo previsible o lo humanamente aceptable se sobrepasan aquí para siempre. Creados para sufrir, muy gráfico título de lo que acontece en estas páginas, es un punto sin retorno. Esa manida frase que se usaba antes con mucha frecuencia en los cómics, esa de “nada volverá a ser lo mismo”, es una perfecta descripción de esta entrega de Los muertos vivientes. Kirkman lo sabe. Y sale triunfante de un instante que, como poco, genera un extraordinario impacto en el lector. De eso se trataba en esta serie, y no se puede decir que Kirkman y Charlie Adlar rehuyan sus promesas.

Si la séptima entrega finalizaba con la llegada del Gobernador y sus hombres a la cárcel en la que se refugian Rick y sus compañeros, esta octava realiza el espléndido trabajo de volver atrás para explicar cómo sobrevivió el Gobernador y cómo urdió su nuevo plan para localizar a Rick, Michonne y los huidos de su campamento. El flashback  escenifica que todo está en el plan de Kirkman y le da un halo de brillantez a su narración. Lo que sucede a partir de ahí es, sencillamente, el infierno. Los muertos vivientes nunca fueron los villanos de esta historia, a los que a veces se da un irónico papel de ejecutores de la justicia en este nuevo mundo, pero si hay una entrega hasta ahora que lo demuestra es ésta. Es difícil explicar la cantidad de sensaciones y emociones que es capaz de condensar Kirkman entre disparo y disparo. Y todo ello logrando contener cada acción dentro de lo que se puede admitir en cada personaje. Es un impacto continuo, pero no es algo descabellado. No es nada fácil mantener a los personajes dentro de lo que son en un escenario como el que ya ha llegado a plantear Kirkman, y más en esta fase, que, sin desvelar ninguna sorpresa, probablemente se pueda considerar la más despiadada y salvaje del relato hasta llegar a este punto.

Es esencial en el papel de Charlie Adlard en esas sensaciones, porque el horror que se muestra camina siempre sobre los límites de lo desagradable. Viendo lo que sucede y la escasa contención con la que se muestran esos acontecimientos, de nuevo recalcando la importancia de no reventar ninguno de ellos, es difícil explicar cómo consigue el ilustrador fascinar sin provocar rechazo. Porque eso es lo que hace Adlard: enganchar. La ausencia de cartuchos de texto y el ritmo casi cinematográfico que emplea Kirkman en sus guiones da muchísimo peso a la faceta gráfica, y la forma sobria en la que Adlard usa el blanco y negro convierte Los muertos vivientes en una experiencia frenética. El lector pasa y pasa las hojas a una velocidad de vértigo. Y la fascinación que produce se admite cuando hay que volver atrás para certificar que ha sucedido exactamente lo que hemos visto. Ese es el impacto. Eso es una marca de fábrica de Los muertos vivientes. Puede que, además de ese impacto, Kirkman y Adlard recurran en este octavo número a alguna pequeña trampa para aumentar la tensión, pero viendo lo que son capaces de hacer eso no es más que un defecto menor. Y de nuevo hay un cliffhanger que obliga a esperar más con ansia.

El libro contiene los números 43 a 48 de The Walking Dead, publicados originalmente por Image Comics entre octubre de 2007 y abril de 2008. La misma editorial recopilo esos mismos números en Made to Suffer, recopilatorio publicado en julio de 2008. Como es habitual, no hay contenido extra en esta edición.

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Esta entrada fue publicada el 26 marzo, 2014 por en Cómic, Charlie Adlard, Image, Los muertos vivientes, Planeta DeAgostini, Robert Kirkman.

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