CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con El Torres sobre ‘Las brujas de Westwood’

10000171_818419034851337_2041640363_nNo hay exageración alguna en considerar a El Torres como uno de los más brillantes escritores de terror que hay en el cómic contemporáneo. Cada nuevo título que completa es un motivo de enorme satisfacción para los aficionados al género y el último de ellos, Las brujas de Westwood (aquí su reseña), no es una excepción. Como ya hablamos con él en esta entrevista de Nancy in Hell, El velo, El bosque de los suicidas y Tambores, ahora nos centramos por completo en este último trabajo suyo, para que nos hable de brujas modernas, escritores frustrados como su protagonista, grandes ilustradores como tiene en esta serie y el mundo del cómic en general, del que sabe mucho y desde muchos puntos de vista. Si ya es una delicia leer el trabajo de una mente tan imaginativa, no hay palabras para describir lo honrados que nos sentimos por contar con sus explicaciones.

En la anterior entrevista que te hice, me decías que saltabas de una cultura del terror a otra, entre otros motivos, para no repetirte. Ahora llegas a las brujas. ¿Por qué las has escogido?

Las brujas son las grandes olvidadas de los monstruos clásicos, pero siguen teniendo una importancia cultural muy fuerte. En nuestros cuentos de hadas, hay más brujas que hadas. Hoy día tenemos vampiros, hombres lobo y momias hasta en la sopa, tratados de diferentes formas. Desde lo más terrorífico hasta lo más empalagosamente romántico o lo más obscenamente pornográfico. Pero las brujas estaban ahí, casi olvidadas. Así que pensé en contar una historia con ellas. Algo clásico, pero a la vez contado de una forma más actual. Y es que las brujas dan miedo. Cocinan niños. Adoran a Satán. Hacen que tus cosechas se marchiten. Te transforman en grillo y puede que no mejores. Fueron la máxima representación del mal durante mucho tiempo, y hubo pobre gente que murió por ello. Una vez más debo recalcar que hablamos de la bruja como monstruo mítico. No me refiero a los wiccanos y wiccanas o brujos y creyentes actuales.

El protagonista de Las brujas de Westwood, Jack Kurtzberg, es un escritor. ¿Has puesto algo de ti en el personaje? ¿Alguna vez has tenido esa misma sensación ante una hoja en blanco o has pensado que estabas haciendo, como dice él, “la mierda más horrible jamás escrita”?

El personaje de Kurtzberg es todo un pequeño homenaje en sí mismo. Por ejemplo, toma su nombre del auténtico nombre de Jack Kirby, el rey de los cómics, y vive en Maine, como Stephen King. Es un compendio de todo creador, de todo escritor, o de la idea que tenemos de ellos. Y sí, hay mucho de Jack en mí y algo de mí en Jack. Esa angustia ante el papel en blanco por un trabajo que tienes que hacer y no te motiva, o la sensación de que lo que estás haciendo es un asco aunque todos te digan que es fantástico, o esa inquietud por un éxito que crees no merecido. Son situaciones por las que todos los que creamos hemos pasado y creo que nos podemos reconocer en él en algún momento. Pero como Jack es de ficción, se ha hecho millonario escribiendo. En mi caso hay días que no me atrevo a mirar la cuenta en números rojos del banco.

Dentro de la historia, Jack escribe Walpurgis Passion, una novela de terror para adolescentes y tengo la impresión, seguramente por cómo acaba el manuscrito de la secuela, de que hay algo de crítica por tu parte a esta vertiente de la cultura popular… ¿Es algo buscado? ¿Crees que esa forma de hacer terror perjudica al género?

Es algo buscado y hay un poco de sátira, pero en realidad no creo en la pureza de los géneros aunque intente practicarla. Ese tipo de literatura (me refiero a Crepúsculo y derivados) logra unos objetivos asombrosos. Hace que la gente lea. Se convierten en fenómenos y centran la atención de otros medios sobre el género. Provocan que gente que no haya leído un libro en su vida se ponga a leerlo, y de ahí salte a otros libros. El elitismo en cualquier tipo de cultura o manifestación popular de cultura, sólo lleva a la endogamia y al marchitamiento de la misma. Así que no creo que perjudique al género. Todo lo contrario, creo que lo beneficia. Aunque yo me permita echarme alguna risa a su costa. Qué demonios, una cosa no está reñida con la otra. En lo que sí hay más crítica es al mercado editorial, a su presión sobre la cultura como una fábrica de sacar billetes, sin importarle la calidad de la misma. Jack tuvo suerte con una novela, y al momento le exigen una secuela, derechos para películas y merchandising, que su vida gire en torno a su creación. Ha pasado desde siempre que ha existido el concepto de la edición como “mercado” y siempre pasará, claro. Pero es algo que critico más que alguien escriba sobre brujas adolescentes enamoradizas.

En tu descripción de las brujas y en las escenas de los aquelarres, ¿cuánto hay de documentación y cuánto de imaginación?

Hay una especie de retorno a lo básico en todo el tebeo. Cuando anunciábamos la serie algunos comentarios decían: “Qué bien, brujas modernas. Espero que se olviden del rollo de las escobas y los gatos negros”. ¡Precisamente eso es lo que yo quería hacer! Se puede dar miedo con una bruja montada en una escoba y con un gorro de punta. Solo hay que aproximarse de otra forma. Sí que me documenté bastante en las escenas de la magia y en las del aquelarre, que sigue el esquema “tradicional” extraído del Malleus Malleficarum. El aspecto del Baphomet, al parecerse al demonio clásico, lo extrajimos del famoso dibujo de Eliphas Levi. Las invocaciones son más modernas, extraídas del “enochiano” de Anton LaVey… y así un montón. Me gusta mucho documentarme para escribir una historia y luego pervertir toda esa documentación. Jugar con los clichés y los conceptos clásicos es muy divertido, y no hay que avergonzarse de ello. Es el campo de juegos conocido por todos. No hay que olvidar la gran parte del trabajo que cayó sobre los dibujantes, Abel y Ángel. Desde los homenajes a los grabados de Goya y el cuadro del Aquelarre, hasta la documentación sobre el manicomio, que sale poco pero es un sanatorio real de Boston… La verdad es que ambos hicieron maravillas.

En el artículo que incluye la edición de Dibbuks explicas por qué hubo que cambiar de dibujante después de los dos primeros números, de Abel García a Ángel Hernández. ¿Crees que puede afectar de forma negativa el hecho de tener dos ilustradores en una historia tan corta o no tiene por qué?

Dos dibujantes no, pero tres sí. Me explico. Cualquiera que vea la obra se dará cuenta que está dividida en dos partes bien diferenciadas, cada una con dos episodios. Abel hace los dos primeros, Ángel dibuja los dos segundos, y ese cambio incluso ayuda con el desarrollo de la historia. En los Estados Unidos, debido a los avatares que ya cuento en un texto en el tomo, pues tuvimos que pedir ayuda de Roger Bonet para el tercer episodio, e hizo un excelente trabajo. Cuando sale en grapa, mes a mes, ese cambio no afecta tanto, porque hay un largo espacio de tiempo. Pero al verlo recopilado en tomo, sí que afectaba muchísimo. La manera en que lees un tomo difiere mucho de cómo te aproximas a una serie mensual. Así que le pedí a Ángel que redibujara el tercer episodio y a Roger que me perdonase por no incluir el suyo en el tomo. Y ambos dijeron que sí como gentiles caballeros que son.

Háblame de ambos ilustradores. ¿Cuáles crees que son los puntos fuertes de Abel y de Ángel y qué es lo que aporta cada uno a la serie?

Me encantaban las mujeres de Abel. Son poderosas, fuertes, hasta inhumanas. Al mismo tiempo, creaba los ambientes y les daba un toque de irrealidad dentro de la realidad que conjugaba muy bien con la historia. Abel es un artista estupendo y aquí pudo usar un estilo con el que se encontraba muy cómodo. Obviamente, sin Abel no podría haber existido este tebeo. Cuando entra Ángel, le da la ternura que esa parte de la historia necesitaba. Las páginas de los dos hermanos en el bosque tienen ese sentimiento que hacen que sean mis favoritas de toda la serie. Y precisamente, las brujas aparecen más humanas cuando necesitaba que fueran más humanas. Y sus escenas de terror ponen los pelos de punta, juega con las sombras y la tinta de un modo genial. No quiero olvidarme del trabajo que hizo Roger, aunque aquí no lo veamos. El suyo es un trazo minucioso que creaba un ambiente descarnado. La escena del manicomio de Roger es genial. Puedes sentir la viscosidad en lo que ocurre… Y tampoco quiero olvidarme del excelente trabajo de Esther Sanz y de Eva Román. Esther hizo los colores de los dos últimos episodios, y poco hay que decir de ella más que cuando se la rifan en el mercado americano, por algo es. Crea los ambientes de un modo sublime. El estilo de Eva, más pictórico, le daba un toque estupendo a las tintas de Roger. Mientras íbamos haciendo el tebeo me tiraba de los pelos viendo los cambios de dibujantes y los procesos. Pero ahora, con la perspectiva de la distancia, ve uno el gran trabajo que hizo cada uno de ellos. Gracias a todos, de verdad.

¿Temes encasillarte en el terror o es un género tan amplio como para permitirte seguir durante mucho tiempo sin repetirte?

Cuando me empiece a repetir serán los lectores los que me lo dirán. Pero el género es tan amplio… hay tantos tipos de historias que contar y tantos monstruos que tratar, que la verdad es que si me decidiera a tocar todos los “subgéneros” necesitaría un par de vidas más. Y como me gusta tanto el terror… ¡pues ningún problema! Además, que le digan a uno “maestro del terror” y que el público te vea fuerte en ese género no viene nada mal… mientras eso permita que uno pueda explorar otros campos. Y afortunadamente, puedo hacerlo. Puedo escribir fantasía y superhéroes y divertirme con ello.

Nancy in Hell, El velo, El bosque de los suicidas, Tambores y ahora Las brujas de Westwood. Con todos ellos estás creando una especie de bestiario contemporáneo de terror muy interesante. ¿Lo ves como un conjunto o para ti son mundos e ideas completamente independientes? ¿Y qué va a ser lo próximo?

En todos las miniseries me gusta dejar pistas de que todos los personajes podrían estar en el mismo mundo. Me gusta pensar en que Chris Luna pasó al lado de Westwood en Maine, pero vive en una Nueva York que visitará Ryoko, sobre el que ruge una tormenta porque al fondo Martin Irons sigue huyendo. Bueno, la más compleja de meter en ese mundo es Nancy, con eso de que hay monstruos y gore y destruyen ciudades… Pero, ¿quién dice que Nancy no siga en el infierno desde siempre? Tengo varias miniseries en cartera. Una de ellas es Phantasmagoria con Ángel Hernández, donde viajamos a la época Victoriana. Tengo una historia de exorcismos por ahí, y además, hace poco entregué un guión a Gabriel Hernández Walta (parece que mi destino es colaborar con Hernándeces). Todo un regalo para mí, porque Gabriel está en exclusiva con Marvel y pidió expresamente en su contrato hacer esta miniserie conmigo. También estoy inmerso en El Fantasma de Gaudí, con Jesús Alonso Iglesias que publicará Dibbuks, y que es quizá uno de los guiones que más me ha costado escribir por el miedo a enfrentarse a una titánica figura como Gaudí. Eso, y el dibujo de Jesús es una maravilla y hay que estar a la altura. También saldrá dentro de poco la adaptación de Hoy Me Ha Pasado Algo Muy Bestia,  que publicará Norma. Basado en el libro de Daniel Estorach y con unos estupendos dibujos de Julián López… Una pasada, porque son superhéroes urbanos (¡superhéroes!) y tanto Norma como Daniel me han dejado añadir, hacer y deshacer. A ello le sumamos las miniseries en Amigo Comics, como Rogues! y… ya sabéis por qué le faltan horas al día.

Ya que Las brujas de Westwood es el primer título que llega a España de tu editorial, Amigo Comics, es obligado preguntarte cómo te va el experimento y qué es lo próximo que podremos ver por aquí de ese sello.

Amigo no tiene la intención de convertirse en una gran editorial, ni una mediana, sino en ser un pequeño canal que me permita sacar obras que por una causa u otra no encuentren cabida en otras editoriales, además de permitirme seguir en mis trece de demostrar que se pueden crear obras desde aquí que tengan cabida en otros mercados a la vez. Lo de ser “la primera editorial española que publica directamente en los USA” es algo casual. Como es el mercado que más conozco, pues allá que fui.Afortunadamente, parece que gustan aquí y allá. “Rogues!” saldrá de manos de Dibbuks, y ya hay interés en otros países por “Las Brujas de Westwood”. He recibido algún mail para adaptarlas a otros medios, pero mejor me concentro en escribir los mejores tebeos que pueda.

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Esta entrada fue publicada el 11 marzo, 2014 por en Cómic, Dibbuks, El Torres, Entrevista.

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