CÓMIC PARA TODOS

‘El bosque de los suicidas’, de El Torres y Gabriel Hernández

El bosque de los suicidas El Torres Gabriel Hernández (3)Editorial: Dibbuks.

Guión: El Torres.

Dibujo: Gabriel Hernández.

Páginas: 104.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2011.

Tras el éxito de El velo, el guionista El Torres y el dibujante Gabriel Hernández volvieron a unir sus talentos creativos en otra historia de terror publicada primero en el cómic norteamericano y que después llegó a España de la mano de Dibbuks, El bosque de los suicidas. Y, como entonces, volvieron a salir triunfantes, confirmándose como un espléndido equipo que domina en este género tan complicado de tratar en cualquier medio pero quizá un poco más en las viñetas. El nuevo trabajo de estos dos autores es continuación emocional y profesional aunque no temática de lo que supuso El velo, es decir, una nueva y gran historia de terror pero con identidad propia, un escenario diferente y un cambio de cultura para seguir explorando el miedo. El éxito suele ser mal consejero, y Torres y Hernández podrían haber caído en la tentación de haber ofrecido una historia idéntica a su primer gran trabajo en Estados Unidos. Pero optaron acertadamente por un camino diferente, en el que sólo el terror como género y los fantasmas como base se configuran como similitudes evidentes entre ambas obras.

Viendo ese éxito anterior, se puede considerar El bosque de los suicidas como una reinvención del genio creativo de ambos autores, capaces de ofrecer algo totalmente novedoso y mantener el más que notable nivel de su trabajo. Todo lo demás es diferente, y eso se agradece. Torres explora nuevos caminos en su forma de narrar, pasa de la voz en off que dominaba El velo al relato mediante el diálogo, y usa con maestría el montaje paralelo (excepcional y terrorífica la escena que combina el flirteo de Midori y Alan con la desesperación de Masami en el bosque) en lugar de la narración lineal. El trazo de Hernández es tan desasosegante como en su anterior trabajo con Torres, añadiendo aquí la sobresaliente ambientación en Japón. El cine de terror japonés es, precisamente, una clara influencia de este cómic, pero la presencia de un personaje occidental, Alan, basta para crear diferencias con respecto a películas como The Ring’ o La maldición (incluso bromea sobre ello en su guión, un recurso que ya usó en El velo con el referente que era El sexto sentido). Torres juega con un doble protagonismo, el de Alan y el de Ryoko, una guardabosques que cree en las tradiciones japonesas en torno a los espíritus y que no deja de buscar a su padre, desaparecido en el bosque años atrás.

Esta obra comparte con el anterior trabajo conjunto de Torres y Hernández la excusa de un hecho real para desencadenar un gran horror de ficción. En este caso, el bosque de Aokigahara, que realmente es un lugar de numerosos suicidios en el Japón actual. Ese bosque se convierte no sólo en motor de la narración (comienza y acaba allí; el epílogo es tan triste y hermoso como perturbador) sino también en un personaje más, gracias a los lápices de Hernández, que también sabe explotar con mucho acierto las viñetas a toda página con las que cierra cada uno de los episodios de la serie, puntos climáticos y muy bien preparados previamente del terror que encierra la historia. La espléndida conjunción entre el guión de El Torres y el dibujo de Gabriel Hernández dotan a El bosque de los suicidas de un ritmo calculado y muy adecuado para cada momento de la historia, porque sabe cuándo acelerar las emociones y cuándo apostar por la tensión, y colocar a todos los personajes admirablemente en un puzzle cuidado y casi perfecto. Y es, al mismo tiempo, capaz de provocar terror, desde el más sutil al más desenfrenado, y de trazar un preciso retrato sobre la soledad, que es otro de los temas principales que aparece en esta magnífica novela gráfica.

Aunque las comparaciones son odiosas, casi parece inevitable hacerlas, ya que la inmersión de El Torres en este género y repitiendo además con el mismo ilustrador son toda una invitación a hacerlo. Puede que no alcance las mismas cotas de terror puro y visceral que inspiraba El velo, pero a cambio El bosque de los suicidas parece una obra más madura y completa. Como ya sucedió con El velo, el trabajo de El Torres y Hernández se publicó antes en Estados Unidos que en España. IDW sacó a la venta los cuatro números de la serie entre diciembre de 2010 y marzo de 2011. El volumen editado por Dibbuks un poco más de un año después contiene las portadas originales de dichos números, dibujadas también por Hernández, además de unas completas notas de El Torres sobre la gestación y desarrollo de El bosque de los suicidas y bocetos del ilustrador.

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Esta entrada fue publicada el 18 septiembre, 2013 por en Cómic, Dibbuks, El Torres, Gabriel Hernández, IDW.

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